Para nosotros los identitarios, la
revitalización de nuestros campos va unida a la revitalización de
nuestros pueblos, siendo un freno a la desertización por completo de
nuestras comarcas y por consiguiente de nuestra íntima arquitectura
rural tradicional, además de costumbres ancestrales que día a día se
olvidan. Creemos que el sistema actual utilizado no puede sostenerse ya
por más tiempo. Estamos convencidos de que el empleo de alternativas
ecológicas y racionales frente al “industrialismo” aplicado a estos
sectores, en su suma son respuestas a la explotación de energías limpias
(biomasa, solar, etc.) nos llevarían a no tener una dependencia
exclusiva de energías fósiles, tal y como preconiza la actual sociedad
de consumo. La agricultura y ganadería ecológica no deben ser
competidores en nuestros mercados, sino la opción prioritaria a regular
por nuestros políticos. Debemos acabar ya con la pérdida de la calidad
natural de nuestros alimentos y su valoración por su aspecto externo,
olvidándonos sus cualidades organolépticas y sus efectos sobre la salud
humana. Debemos apreciar nuestra biodiversidad sin fomentar monocultivos
y variedades de alto rendimiento, donde se abusan de fertilizantes
químicos y de pesticidas, eliminando la rotación en el cultivo de las
tierras y posterior empobrecimiento. Nuestros labradores y ganaderos no
deben estar sometidos a intereses industriales ajenos al campo
(fitosanitarios, simientes, abonos, maquinaria….) porque así el mercado
escapa su control y los precios no son reales, basados estos en
criterios políticos y económicos neoliberales impuestos desde organismos
como la CEE, el FMI o la Organización mundial del Comercio.
Con el actual sistema de explotación
“industrializado”, lo vegetal y lo animal dejan de estar
interrelacionados, frente a lo tradicional, racional y ecológico donde
ambas actividades eran interdependientes y suma de un todo. Y la
progresiva regularización de nuestra ganadería y agricultura ecológica a
través de sus consejos reguladores (que no deben ser organismos
ineficaces ni policiales poblados de vagos funcionarios, sino de apoyo,
fomento y difusión de nuestra tradicional cultura agro-ganadera) será
importante fuente de riqueza y salud para todo el conjunto de la
población. Así pues creemos que “el reino de la cantidad” debe ser
vencido por la calidad y la identidad, expresión magna de la
biodiversidad y como fórmula de retorno racional y regeneracionista a
nuestro maltratado hábitat rural.
Quienes combatimos en el terreno de las ideas
y no en el del voto, quienes creemos que la política es un arte de
transformación y mejoramiento de nuestro entorno y no de enriquecimiento
rápido y “concesión de favores”, sabemos que estamos en gran
desventaja, al igual que nuestra conservadora gente del pueblo, frente a
la autodenominada “ciudadanía” e igualmente creemos que en su efecto
mejorando lo natural que es nuestro entorno rural, cual arte alquímico,
en su causa se mejorará lo artificial, que es nuestro entorno urbano.
Ese será uno más de los múltiples y grandes retos que tendremos que
afrontar por la pervivencia de nuestra Identidad en este siglo XXI, un
siglo de cambio climático y esperemos que de putrefacción y caída del
“imperio globalizador”.
Federico Traspedra
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