domingo, 7 de abril de 2013

Ésta Tierra

Ésta tierra que desgarra el alma. Llanuras bajo los pies que dan miedo, montañas escarpadas sobre la cabeza que dan miedo, una por hacerte grande, otra por hacerte pequeño. Árboles que luchan por sobrevivir en tierra hostil, en campo añejo, que claman al cielo eternidad. Un cielo que se mezcla con el horizonte sembrado, donde el aire libre y sin obstáculos balancea sin piedad esos campos de trigo, de centeno, pilares antiguos de aquellos viejos hombres cuya vida giraba en torno a la siembra y al barbecho. Apartados junto a sus azadas y sus semillas aquellos héroes se marchan, las grúas y el cemento les roban sus hectáreas, ha llegado la ciudad. Ésta tierra siempre ha llorado, ahora agoniza. Pero sobrevive, sobrevivirá eterna, mientras quede un campo con un horizonte que se confunda con el cielo, mientras pequeños arroyos sigan amamantando a juncos, mientras árboles centenarios pierdan en otoño sus hojas convirtiendo en mármol el suelo y en primavera entreguen esperanza para la santa catedral en la que se convierten las choperas, mientras olmos muertos corones las plazas de pequeños pueblos, mientras la bóveda celeste del hayedo siga el ritmo arrebatado del ruido del Tajo, el Espíritu Elevado se rendirá a la belleza indomable de ésta tierra, pues cuando el hommo se abre en corazón a ella, ella se revela como la más bella en alma para siempre.

M. Ruiz

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