Antes fueron tres siglos de descielo
desterrados del mayo de lo Eterno,
y el alma, deshojada en el invierno
de España, vagabunda por su hielo.
Corazón de trasmundo sin latido,
roto el reloj de torre de la Historia;
ni párpado de luz, ay, ni memoria
en las grutas oscuras del olvido.
Pero viniste tú, en la frente el nido
de Primavera, y levantaron vuelo
del charco estrellas y águilas del lodo.
Y, émula de tu amor y tu sentido,
la muerte vino a darle prisa al cielo,
pues la humana vida corta y todo
Eugenio Montes Domínguez
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