El escenario internacional durante los siglos XVI, XVII y XVIII, se lo
disputaban tres potencias: Francia, Inglaterra y España; era una época
en la que no existía la uniformidad en los ejércitos y las tropas se
identificaban en el campo de batalla gracias a otros elementos. Sobre
sus ropas de guerra los soldados imponían bandas, escarapelas o
brazaletes de un determinado color: blanco los franceses, azul los
ingleses, naranja los holandeses... y, con el mismo color que el de las
aspas de San Andrés, las fuerzas españolas se reconocían sobre el
terreno con la famosa banda roja. Este color, pasado el tiempo, se
incorporaría a la que es nuestra actual bandera y en el terreno
deportivo se fijaría como distintivo de la selección nacional de fútbol.
domingo, 20 de enero de 2013
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