Cuanto más se hace realidad la
globalización, tanto más produce ella a su contrario. Se puede afirmar
categóricamente que destruye por igual las identidades colectivas y las
vuelve a construir. El problema es que ya no son las mismas identidades.
La globalización destruye las identidades con raíces, los diferentes
modos de vida, las estructuras orgánicas y las construye de nuevo pero
solo en una forma puramente reactiva, interdependiente y forzada. La
progresiva unificación del mundo va acompañada de una nueva demolición
social, un nuevo desencadenamiento del fundamentalismo político y
religioso. Ambos fenómenos no se contradicen en modo alguno. Son dos
caras de la misma moneda.
La identidad es lo que nos
diferencia de otros y al mismo tiempo lo que nos hace idénticos a
algunos. Además, la identidad no viene dada siempre, todas las veces y a
todos. No describe lo esencial sino un lento proceso de desarrollo del
yo que siempre supone una relación con los otros. Identidad no es lo que
nunca cambia sino lo que en el interior de esos cambios permanece
inmutable.
Alain de Benoist
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