"Completamente desesperanzados sobre la actuación de los partidos, los organizadores
decían que era una Asamblea "apolítica" y la concentración agraria era para dar fuerza a la
presentación de unas conclusiones de tipo económico y social, que todo gobierno no marxista
tiene que recoger, aunque no las pueda cumplir.
En este momento español, estos hombres, fatalmente, oirían en Madrid unas palabras
ardorosas y exaltadas, pocas, pero dichas con fe, las cuales les entrarían en el corazón,
hablándoles de una España grande y fuerte, con ambición colectiva, trabada y unida en el
amor, hecha y dirigida para y por los trabajadores y productores. Se les hablaría de una vida
alegre, trabajosa y combativa.
Castellanos y andaluces, aragoneses y navarros, en una palabra, toda España, iba a
sentir un anhelo común, y existía el peligro de que la fe española entrase en ellos y de que
fuesen a sus pueblos a ser los heraldos de esta nueva ilusión; y eso está prohibido en
España.
Aquí se puede ser todo, menos español: marxista o separatista, masón o ginebrino, o
bien ser un resignado a un vivir mezquino y pobre; pero todas las organizaciones están
unidas para matar en flor un movimiento auténticamente nacional.
Los socialistas vieron el peligro y se opusieron al acto; el Gobierno, al sentirlo, lo
suspendió y los organizadores cedieron. Pero tened por seguro, labradores y trabajadores de
la tierra, que estas palabras e ideas las oiréis, después las sentiréis y, por último, las
impondréis.
Adelante, labradores de España".
Julio Ruiz de Alda
Publicado en Informaciones
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