Desde que de un tiempo a esta parte
casi todo el mundo, incluido el “mundillo”, tiene acceso a internet; el
correo electrónico, las redes sociales, foros, blogs y páginas
electrónicas se ven inundadas con mucha asiduidad por
ultra-cíber-patriotas capaces en el colmo de su in-activismo de opinar
de lo divino y de lo humano, valientes tras el teclado, prestos a
combatir a una horda de “rojeras”, islamistas radicales o lo que se
pinte por medio, con una experiencia militante demostrada por haberse
pasado un día de visita por el Valle de los Caídos o recordarnos que un
abuelo o bisabuelo suyo combatió en el bando vencedor de la guerra del
36, con esa experiencia abrumadora son capaces de darnos lecciones de
patriotismo, criticar el activismo real de otros o quejarse por la falta
de unidad de “las fuerzas nacionales” como disculpa para seguir
haciendo nada más que teclear batallitas y lemas estereotipados que o
aburren a las piedras o calientan cabezas de otros que como el valiente
cíber-patriota citado se sienten plenamente identificados con sus
arengas fachafílicas.
Internet y
sus aplicaciones tienen o debieran tener su peso justo, que es
bastante, como medio de comunicación, difusión, coordinación y
formación política y doctrinal, nos ayuda a saltarnos la censura brutal
que los medios del sistema usa contra nuestros Principios, dentro de
lo que cabe es un espacio libre que debemos utilizar, pero sin
quedarnos aislados en él y compaginarlo con el activismo fuera de la
“Red virtual”, algo obvio para algunos, pero que creo que merece la
pena comentar y recordar de vez en cuando.
El
tiempo que “nos quita” debe compensarse con el resultado que nos
ofrece su utilización y el fin último que perseguimos: que a nuestros
actos y actividades acudan más personas, que se acerquen a nosotros
para conocernos gente dispersa y aislada que quiera conocer nuestras
ideas de primera mano, lograr un mayor compromiso real con aquello que
se predica en la pantalla, aclarar ideas y estrategias para dejar de
mezclar churras con merinas y confundir al personal o mandarle para
casa “viendo el panorama” tras el teclado en espera de “tiempos
mejores”.
Toda
organización, hoy en día requiere de la existencia de un “grupo de
internet” que tenga una dedicación casi exclusiva a esta labor, pero
como casi siempre sucede este “grupo de internet” se dedica a esta
labor y a todas, estamos acostumbrados a ver como unos pocos, casi
siempre los mismos, hacen todo y nos revienta que los
ultra-cíber-patriotas puedan darnos lecciones de nada.
El
mejor destino de sus ordenadores y pantallas es romperlos antes de que
decidan de motu propio suicidarse como la viñeta que hemos tomado de
la Red.
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