Pedro Muñoz Seca
(1879 - 1936), fue y sigue siendo, a través de sus obras, un
ilustrísimo escritor y uno de los grandes autores del teatro español.
Muñoz Seca creó el género teatral conocido como la “astracanada” (genero
cómico que recoge las más disparatadas situaciones y que hace uso de
un lenguaje retorcido, denominado como: retruécano), fue un hábil
prosista y responsable de tantas y tantas obras reconocidas como lo son
“La venganza de Don Mendo”, “Los extremeños se tocan”, “Anacleto se divorcia” o “La Oca” (siglas de la «Libre Asociación de Obreros Cansados, Aburridos»).
Muñoz Seca siempre gozó de un sentido del humor encomiable y afilado, tanto en sus obras escritas, como en su vida normal. Un sentido del humor al que se aferró incluso en las situaciones más difíciles y llevó a rajatabla hasta el último aliento de vida.
Fueron sus continuas críticas, sus sátiras sobre los vicios republicanos y su hábil maestría para ridiculizar al comunismo y al igualitarismo las que hicieron que Muñoz Seca se ganara, tanto la simpatía del público por una parte, como el advenimiento de sus enemigos políticos. Las valientes convicciones de este hombre de cualidad le llevaron a ser arrestado por las fuerzas republicanas y su posterior traslado a la cárcel de San Antón en Madrid.
El 28 de noviembre de 1936, siendo el criminal Santiago Carrillo responsable del Orden Público de la provincia de Madrid, tuvo lugar una de las tristemente conocidas como “sacas” en la cárcel de San Antón. Pedro Muñoz Seca, junto con varios frailes de la zona, fueron conducidos hasta los términos de Paracuellos del Jarama donde serían funestamente recibidos por un pelotón de fusilamiento formado por miembros de las premiadas Brigadas Internacionales.
Pedro Muñoz Seca, a puertas del cielo y en un último esfuerzo de sarcasmo infinito, antes de ser alcanzado por las salvas indiscriminadas de sus verdugos, les espeto a la cara de los allí presentes: “Me temo que ustedes no tienen intención de incluirme en su círculo de amistades”.
Estas fueron sus últimas palabras antes de ser derribado, las que dejaron constancia de que aquel a quien le habían arrancado la existencia, tocaba tierra con todo el honor y el humor del que sólo puede presumir un auténtico caballero español.
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Muñoz Seca siempre gozó de un sentido del humor encomiable y afilado, tanto en sus obras escritas, como en su vida normal. Un sentido del humor al que se aferró incluso en las situaciones más difíciles y llevó a rajatabla hasta el último aliento de vida.
Fueron sus continuas críticas, sus sátiras sobre los vicios republicanos y su hábil maestría para ridiculizar al comunismo y al igualitarismo las que hicieron que Muñoz Seca se ganara, tanto la simpatía del público por una parte, como el advenimiento de sus enemigos políticos. Las valientes convicciones de este hombre de cualidad le llevaron a ser arrestado por las fuerzas republicanas y su posterior traslado a la cárcel de San Antón en Madrid.
El 28 de noviembre de 1936, siendo el criminal Santiago Carrillo responsable del Orden Público de la provincia de Madrid, tuvo lugar una de las tristemente conocidas como “sacas” en la cárcel de San Antón. Pedro Muñoz Seca, junto con varios frailes de la zona, fueron conducidos hasta los términos de Paracuellos del Jarama donde serían funestamente recibidos por un pelotón de fusilamiento formado por miembros de las premiadas Brigadas Internacionales.
Pedro Muñoz Seca, a puertas del cielo y en un último esfuerzo de sarcasmo infinito, antes de ser alcanzado por las salvas indiscriminadas de sus verdugos, les espeto a la cara de los allí presentes: “Me temo que ustedes no tienen intención de incluirme en su círculo de amistades”.
Estas fueron sus últimas palabras antes de ser derribado, las que dejaron constancia de que aquel a quien le habían arrancado la existencia, tocaba tierra con todo el honor y el humor del que sólo puede presumir un auténtico caballero español.
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"A Muñoz Seca no lo mató la barbarie, lo mató la envidia. La envidia sabe encontrar sus cómplices". Jacinto Benavente.
"Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro". Valle Inclán.
En cierta ocasión Muñoz Seca recibió una carta del Ministro de Cultura en la que éste le decía:
"Estimado Sr. Muñoz Seca:
(...) Sin duda, usted es un escritor de gran popularidad, por lo que resulta especialmente lamentable que a menudo el lenguaje empleado en sus obras sea tan vulgar y malsonante (...)"
Al poco tiempo, el ministro recibió respuesta del escritor:
"Estimado Sr. Ministro: En este mismo instante, tengo su carta delante; en breves momentos, la tendré detrás".
Cortesía de: G.A.
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