Golpear los residuos clasistas con todos los
medios (…), reeducar al que hace la reverencia y al que la exige;
vigilar los pequeños detalles que sumados producen grandes males, y esto
es obligación de las jerarquías periféricas y éstas deben funcionar.
(…) Vigilar al señorito de provincias, y dar armas a quien deba usarlas
contra él, si alborota.”
Existe un pueblo tal como lo quiso y en parte
realizó el socialismo más vil: existe un pueblo que mirándose al espejo
de la burguesía asume miméticamente sus atributos, llegando a
convertirse en burguesía auténtica; existe un pueblo que en las
revueltas rojas, creyendo con esto ajustar cuentas, quema y roba a
mansalva. (…)
Ni imitación burguesa ni retrógrada plebe, sino
milicia y trabajo. No clase, sino totalidad organizada de trabajadores y
soldados. (…)
Si el particularismo de clase pertenece a la
burguesía de todos los tiempos, la mentalidad de lucro perfila el rostro
más exacto de la burguesía en el mundo capitalista. El rentista y el
usurero de la historia antigua, el avaro y el buhonero de la comedia
clásica, se proyectan en el capitalista moderno ampliando la galería
tipológica. (…)
El burgués está en nosotros, en cada uno de
nosotros, con sus renuncias y sus ambiciones, sus sutilezas y sus dudas,
su particularismo individual, familiar, de casta, su sed de riqueza, su
–especialmente- miedo a la pobreza; su miedo a ser valiente; su carga
de caprichos; su ducha tibia de conformismo; su lejanía de la vida
física y de ese punto de naturaleza que requiere el hombre civil para
que la civilización no se deforme en la más mezquina barbarie. La lucha
antiburguesa es, así, en su significado más elevado, pura experiencia de
todos nosotros, uno por uno, porque sólo una humanidad fascista, en la
cual nadie busque excusas y nadie las encuentre, todos acepten cometidos
y todos los asuman, podrá reconocer la supremacía del espíritu,
erradicando de la vida la riqueza.
Berto Ricci.
No hay comentarios:
Publicar un comentario