martes, 21 de enero de 2014

El desplome de Occidente

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Quien sepa un poco de historia sabrá que nuestra civilización se desmorona por los mismos errores cometidos en el pasado, los mismo errores que cometieron egipcios, griegos, romanos y otras tantas civilizaciones.
Todas estas civilizaciones cayeron al perder sus valores, esos valores que las hicieron grandes, cayeron al sucumbir al hedonismo, cayeron al olvidar la grandeza de sus civilizaciones, pero sobre todo cayeron al introducir elementos extraños en su civilización, al sucumbir a la multiculturalidad, y eleminar la sociedad homogénea, al eleminar la esencia de un pueblo, que es su origen racial.
Egipto se empezó a desmoronar cuando se adentró en el África negra. Aunque es cierto que el Egipto antiguo era multicultural, un férreo sistema de castas separaba a la élite, generalmente de origen europeo, del pueblo norteafricano, y éste de los esclavos, semitas y negroides. Quizá el dominio heleno y romano retrasó lo inevitable.
La antigua Grecia también sucumbió al multiculturalismo, haciendo desaparecer directamente a la clase dirigente griega, los tracios, un pueblo del noroeste de Gecia y sur de Bulgaria. Los espartanos desaparecieron y Atenas se convirtió en una ciudad tomada por inmigrantes.
La antigua Grecia poseía un sistema perfecto, nada que ver con la actual "democracia". Esparta por ejemplo, se basaba al 100% en el ius sanguinis. Este sistema funcionó durante siglos, junto a la meritocracia (el gobierno de los más valiosos), y no decayó hasta el inicio del multicultalismo.
En Roma más de lo mismo, la República funcionó perfectamente mientras conservó sus valores, sus creencias, su cultura, su origen étnico-racial. No fue hasta la llegada del Imperio que Roma se ablanda, abadona sus costumbres y abre su limes (frontera) para que entren bárbaros a cientos de miles, los cuales se revelarían y destruírian la ya irreconocible Roma desde el interior. El Imperio de oriente se salvaría volviendo a sus orígenes, pero la parte occidental desapareció en manos de los pueblos germánicos, comenzando la Edad Media.
Hoy en día ocurre exactamente lo mismo. Fuimos fuerte mientras conservamos nuestra cultura, nuestra entereza y nuestros orígenes étnico-raciales.
Pero ya no somos grandes, no lo somos por haber cometido los mismos errores que Egipto, Grecia y Roma. La supervivencia y grandeza de un pueblo viene dada por su sentimiento de meta común, y por su sentimiento de pueblo homogéneo, por su independencia cultural, racial y económica. En cambio, todo lo que atente contra lo anteriormente escrito, está destinado a hundir civilizaciones.
Las sociedades multiculturales no funcionan, no son naturales, no son inherentes a la naturaleza humana ni animal. Incluso en las sociedades multiculturales e inestables, obviamente, en las que vivimos, el fin último es el Nuevo Orden Mundial, en el que no habrá razas, ni lenguas, ni religiones ni pensamientos diferentes. Es decir que incluso el fin mismo de la multiculturalidad es exterminar la multiculturalidad, pero no en una nación, sino a nivel planetario.

El Genocidio Legal

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