"Los que, hoy, utilizan indiferentemente los términos “Europa” y
“Occidente”, como si fueran sinónimos, o como si el segundo incluye a la
primera, y adoptan este uso erróneo, cometen un grave error histórico y
político. En tanto que aceptan, consciente o inconscientemente, la
visión americana del mundo, esperando de este modo que Europa haya
entrado completamente en Occidente.
Me parece bien de destacar el
siguiente hecho: en la definición de Occidente, tal como nació en
Jefferson, se inscriben inmediatamente las dos formas americanas de
concebir las relaciones internacionales, de las que se tiene el hábito
de considerar erroneamente como exclusivas una de la otra: el
intervencionismo y el aislacionismo. En efecto, si el Occidente está
“bien”, singifica que el mundo no infectado por las perversidades
europeas, entonces es necesario sacar dos consecuencias. Por una parte,
puede decidir volver a encerrarse en sí mismo, para impedir el contagio
externo; por otra parte, puede decidir salir de su propia trinchera para
lanzarse y “salvar al mundo”. Es esta segunda política la que
prevaleció en la historia americana, sobre todo porque la idea de un
Occidente incorruptible se unió a la del “destino manifiesto” de los
Estados Unidos (esta expresión se forjó en 1845 durante el conflicto que
se oponía a los EE.UU a Inglaterra por el Oregon) para constituir el
peor de los imperialismos.
Así pues, toda la acción americana
sobre el continente americano es justificada en la defensa de los
intereses de los Estados Unidos; toda acción en ultramar es una “misión”
del Bien para salvar el mundo. Mientras que la recíprocidad no vale
para los Europeos, portadores el “mal”, que no podrán nunca introducirse
de buen derecho en los asuntos del continente americano, como lo
pretendía precisamente la Doctrina de Monroe, que prohibía a los
Europeos todo movimiento al Oeste del meridiano “separador”. Los que hoy
en Europa se imaginan como paladines de Occidente, son simplemente
individuos que se integraron en el modo de vida y en el espiritu de los
Americanos y que, consciente o inconscientemente, consideran haber sido
“salvados” y “liberados” por ellos.
Realmente, se sometieron a los americanos, renunciando a las tradiciones europeas".
Claudio Finzi
No hay comentarios:
Publicar un comentario