Era tan grande la expectación que la obra había despertado que las
localidades se agotan días antes del estreno. Se llegaron a pagar más de
cincuenta pesetas por una butaca que en taquilla costaba 75 céntimos.
El Liberal, (18 de febrero de 1894): “Las localidades se
llegaron á cotizar á precios fabulosos, hasta el punto de que mucha
gente se quedara con las ganas de ver el sainete, y por lo tanto, el
teatro estaba completamente lleno como en las noches de grandes
solemnidades artísticas.”
El estreno tuvo lugar el 17 de febrero 1894, en el teatro Apolo y en horario de la segunda sesión.
El reparto era el siguiente:
Don Hilarión: Manuel Rodríguez.
Julián: Emilio Mesejo
Susana: Luisa Campos
Casta: Irene Alba
La tía Antonia: Pilar Vidal
La señá Rita: Leocadia Alba
Tabernero, esposo de la señá Rita: José Mesejo
Don Sebastián: Melchor Ramiro.
La orquesta la dirige el propio Bretón. Cuando el público saluda su
entrada – minutos antes de las diez de la noche - con una ovación el
compositor tiene un último instante de vacilación y así se lo hace saber
al concertino: “Me parece que esta vez me he equivocado.”
Pero si Bretón se equivoca en algo es en su juicio emitido. El éxito es
apoteósico y los aplausos se suceden desde los primeros números de la
obra, algunos de los cuales son bisados.
Boletín musical y de artes plásticas (25 de febrero de 1894): “La
música que ha escrito el maestro Bretón es digna por su factura del
compositor insigne que la ha creado, tal vez con hartos primores de
instrumentación y excesivo lujo de sonoridades, impropios á veces del
carácter literario á que la última producción de Vega pertenece.
Salvo los momentos en que el maestro se excede á pesar suyo, casi
todos los pasajes musicales de la obra están muy bien tratados, y
responden perfectamente a las modernas exigencias del género.
La introducción, el coro de mujeres, que fué repetido, la mazurka y
el dúo entre Susana y su amante, que merecieron idéntico honor, y el
concertante final, alcanzaron unánimes aplausos, y fueron del gusto de
la concurrencia toda.”
Actualidades (1894): “El triunfo de Bretón ha sido
decisivo. Venir al teatro por horas, al «género chico», sin preparación
de ninguna especie, obligado por las circunstancias, con otros ideales y
otros procedimientos, y encajar – como él ha encajado – y vencer, tiene
muchísimo mérito, digase lo que se quiera.”
El autor del texto fue igualmente ovacionado:
La Correspondencia de España (18 de febrero de 1894): “También
el Sr. Vega, entre atronadores aplausos fue llamado al palco escénico
al mediar el sainete, que está lleno de gracia y de efectos teatrales,
de tal suerte, que las carcajadas y el batir de palmas de la
concurrencia hacian casi imposible oir la representación.”
Los intérpretes cosecharon también críticas elogiosas. Brillaron
especialmente Luisa Camps, Pilar Vidal y Emilio Mesejo, quien
curiosamente había trabajado como cajista de imprenta antes de dedicarse
al mundo del espectáculo.
El Liberal, (18 de febrero de 1894) “En el desempeño del
sainete se distinguió en primer término Luisa Campos, en el papel de una
de las chulapas, que dijo y cantó con verdadera gracia, provocando á
cada instante el entusiasmo de cuantos la veían y la escuchaban.
La Vidal y Mesejo (hijo), merecen también especial mención, por la
verdad con que dieron relieve á los personajes que les estaban
encomendados, y como Luisa Campos, obtuvieron también ruidosos y
justísimos aplausos.”
Otros periódicos incluyen también en su mención a Leocadia Alba.
La Época (18 de febrero de 1894): “La ejecución excelente, por lo que toca en primer término á Leocadia Alba, que es lo mejor del teatro.”
La crítica destacó así mismo la calidad y brillantez de los decorados,
que recreaban con acierto las situaciones escénicas que demandaba el
libreto.
La Correspondencia de España (18 de febrero de 1894): “La
decoración, pintada por los siempre aplaudidos escenógrafos Bussato y
Amalio Fernández, es preciosa y les valió los honores del proscenio.”
En definitiva un éxito redondo en todas sus facetas- Bretón se fue a
celebrarlo al Ateneo, y Ricardo de la Vega al Café de Fornos, donde se
organizó una peculiar “verbena” que desembocó en una buena juerga.
El sainete pasó inmediatamente a representarse en la cuarta sesión, la
más popular. El éxito también les aprovechó a los reventas, que
aprovecharon para hacer su agosto, porque no vendían localidades para La Verbena de la Paloma si el comprador no se adquiría otra de alguna de las otras tres secciones, lo que también redundaba en beneficio del Apolo.
Su éxito no se circunscribió al ámbito de este popular teatro, la
catedral del género chico, si no que pronto pasó a representarse por los
escenarios de toda España e incluso de Hispanoamérica, dándose el caso
de que, por ejemplo, en Buenos Aires se llegara a programar
simultáneamente en cinco teatros, en algunos incluso cuatro veces la
misma noche.
Existe una abundante discografía de esta obra entre la que podemos
encontrar grandes intérpretes como Inés Rivadeneira, Ana María Iriarte,
María Bayo, Manuel Ausensi, Alfredo Kraus o Placido Domingo entre otros.
La obra ha sido llevada asimismo al cine, con mayor o menor acierto, en
tres ocasiones, la primera de ellas curiosamente en 1921, en cine mudo.
Paradójicamente a Bretón le ocurrió un caso similar al de Beethoven con su Septimino y la fama cosechada con La verbena de la Paloma
llegó, en cierto modo, a molestarle, porque siempre consideró este
sainete como una obra menor y le molestaba ver que en ocasiones el
público relegaba a un segundo plano sus óperas y zarzuelas en favor de
esta pieza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario