'El
rayo de la guerra', así era descrito Sancho Dávila. De toda una vida
marcada por acciones clave ejecutadas con éxito en múltiples escenarios
de guerra, fue un hecho concreto el que dió ese adjetivo tan
calificativo a este valiente, inteligente y honrado militar español. Es
el que explicamos a continuación.
Pongámonos
en antecedentes. Guillermo de Lumey, Conde de la Mark, prepara en el
puerto de Dover, al amparo de Inglaterra una flota de 26 naves.
Protección que pierde ante las presiones de Felipe II a la graciosa
Isabel de Inglaterra, abandonando el puerto. Este feroz corsario,
sanguinario, ejerció crueldades horribles en especial contra religiosos
católicos (segun el historiador estadounidense Lothrop Mottley)
recorriendo las costas de los Paises Bajos Españoles bajo la bandera de
Mendigos del Mar hostigando embarcaciones y atacando poblaciones.
El
1 de abril de 1572, el Conde de la Marck ataca por sorpresa Brille, un
puerto de cierta importancia en la isla de Woorn, a 13 kilometros de
Rotterdam en las bocas del Mossa. Los rebeldes dieron gran repercusión a
este hecho: Medallas, cantares, epigramas..., Uno de ellos recuerda:
"Den eersten dag van April,
Verloor Duc d'Alva zynen Bril".
Verloor Duc d'Alva zynen Bril".
En traducción un tanto libre:
"El primer día de Abril,
El Duque de Alba perdió su Bril (anteojos)"
El Duque de Alba perdió su Bril (anteojos)"
La propaganda propició que otras ciudades se levantaran contra su soberano Felipe II.
En
pocos días, ante la inacción de las autoridades o la falta de
efectividad de estas acciones, Holanda a excepción de Amsterdan y
Zelanda, excepto Middlebourg (capital de la isla de Walcheren) estaban
contra su rey. En esta última ciudad se centra el episodio de hoy.
Los
rebeldes pusieron cerco en seguida a Medialburque (actual Middlebourg)
con el doble objetivo de dominar toda la isla y tener control sobre el
Escalda, amenazando la importante y comercial Amberes. El Duque de Alba
encomienda la difícil misión de socorrer la plaza a un capitán de su
entera confianza y que conocía incluso antes de hacer juntos el primer
Camino Español: Sancho Dávila.
Con
toda la celeridad que la urgencia reclama, Dávila, dispone en
Berg-op-zoom, puerto del Escalda, 30 embarcaciones de cabotaje propias
del país ( embarcaciones anchas y planas). En seis de ellas se montan
piezas de artillería ligera y entre todas transportan a 1000 veteranos
de los tercios, aguerridos y experimentados.
A
mediados de mayo, parte la flotilla de puerto navegando a favor de la
marea vaciante, pero no por el rumbo directo, donde el enemigo estaba
bien atrincherado, sino por la parte opuesta, desembarcando entre dunas,
muy lejos de la ciudad.
El
factor sorpresa era clave. Atravesó el pequeño ejército las dunas y
salvaron los obstáculos del terreno a marchas forzadas tomando por la
espalda y descuidados a los sitiadores, ingleses en su mayoría. El
ataque derivó rápidamente en un cuerpo a cuerpo. Los protestantes
intentaron rehacerse de la sorpresa reorganizando sus tropas pero las
bajas eran ya considerables y los soldados tomaron su propia decisión:
huir. Encabezados por Dávila los soldados de los tercios pusieron en
retirada a los sorprendidos calvinistas que no supieron reaccionar ante
un enemigo menor en número dejando por el camino armas, vituallas y un
tanto de honor.
El
objetivo estaba cumplido: la ciudad liberada del cerco y el enemigo
huido. Pero la victoria no cambiaba, en realidad, la situación porque
los protestantes estaba en disposición de volver a sitiarla. Dávila,
sabe que sus hombres están extenuados pero los reúne y arenga para
dirigirse al cercano puerto de Ramua (actual Arnemuiden) donde se
retiraban los calvinistas.
Cuando
vieron llegar a los tercios se esfumaron las esperanzas de los herejes
de que los catolicos se contentaran con liberar la ciudad asi que,
aplicando la máxima de 'no es huir, es luchar otro día' subieron a los
barcos sin orden ni concierto haciendose a la mar como quien dice
remando con las manos. Apoderarse del puerto de Ramua, mejoraba la
situacion de los leales al rey en la isla de Walcheren, al controlar
Middlesbourg, Ramua y Ramekens. Ademas ponia a disposicion de Davila los
400 bajeles que había en el puerto.
La
victoria era, ahora sí, total. Los calvinistas tardarían una larga
temporada en organizarse, pensaría Davila. En Middlesbourg son recibidos
como héroes y agasajados. Aún falta, sin embargo, el remate de la
historia.
Con
poco margen para descanso y celebraciones, Sancho Davila ordena
preparar 10 naves. Nadie entiende nada, los soldados se quejan
amargamente y piden un buen merecido descanso y algo de regocijo. No es
negociable. Sancho Davila sabe que hay más ciudades en aprietos así que
tiene la intención de transportar artillería, vituallas y las banderas
capturadas al enemigo a la cercana Amberes que también se encontraba en
problemas.
Ya
embarcados le salen al encuentro 30 naves enemigas que le barran el
paso con la intención de devolver el golpe recibido en días anteriores.
Otra vez en desventaja numérica pero, esta vez, sin factor sorpresa.
'Nuestros arcabuces y artillería ligera desequilibrarán la balanza,
aunque ellos sean más', piensa Dávila. Y a esa convicción se aferra. Sus
soldados 'flipan', perdón, se miran unos a otros sin entender nada pero
nadie pone en boca lo que piensan todos: 'Sin tierra bajos los pies y
con un capitán que no ha navegado en su vida... pintan bastos'. Mientras
artillan las armas de fuego, aprietan los dientes preparándose para lo
que ha de venir.
Se
iniciaron al pronto escaramuzas más que combates. Los enemigos, con
fuerzas tres veces mayores en numero no pudieron, o no supieron, detener
el avance de los barcos de Dávila. Las balas de los certeros
arcabuceros de los tercios barrían las cubiertas enemigas a discreción
hasta que no quedó nadie dispuesto a asomar el pescuezo y menos a
abordar las naves españolas. Las embarcaciones de Sancho Dávila, en
formación cerrada, sobrepasaron al enemigo hundiendo además la capitana
de los protestantes, desarticulando la flota hereje y anulando su
capacidad operativa para perseguirlos.
¿Sentido
del deber, locura de la batalla convertida en arrojo y valor,
capacidades innatas para la guerra? No sabemos, seguramente mucho de
todo. En todo caso es por este episodio que este insigne militar fue
llamado, con toda justicia, "el rayo de la guerra". A lo largo de su
vida refrendó una y otra vez lo acertado del calificativo.
Fuente: El Camino Español

No hay comentarios:
Publicar un comentario