"El desierto crece: van aumentando los anillos pálidos y estériles.
Ahora desaparecen las zonas avanzadas que estaban llenas de sentido: los
jardines de cuyos frutos nos nutríamos despreocupadamente, los espacios
pertrechados con instrumentos bien probados. Ahora las leyes se vuelven
dudosas, los utensilios adquieren un doble filo.
Ay de aquél que alberga desiertos: ay de aquél que
no lleva consigo, aunque sólo sea en una de sus células, un poco de
aquella sustancia primordial que una y otra vez es garantía de
fecundidad.
En el bosque el ser humano duerme. El orden queda
restablecido en el instante mismo en que, al despertarse, repara en el
poder que tiene. Es posible dar al ritmo superior de la historia la
interpretación siguiente: el ser humano se redescubre a sí mismo
periódicamente. Siempre hay poderes que intentan colocarle sus máscaras
propias, poderes que unas veces son totémicos, y otras mágicos, y otras
técnicos. El emboscado está decidido a ofrecer resistencia y se propone
llevar adelante la lucha, una lucha que acaso carezca de perspectivas.
Un emboscado es, pues, quien posee una relación originaria con la
libertad; vista en el plano temporal, esa relación se exterioriza en el
hecho de que el emboscado piensa oponerse al automatismo y piensa no
sacar la consecuencia ética de éste, a saber, el fatalismo".
Ernst Jünger

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