El otro día mi esposa y yo salimos a
buscar una pizza, una comida que adoro cuando está preparada
correctamente. La hemos probado por todo el mundo, pero las que más
nos gustan son las que prepara la cadena Pizza Express en Londres. Así
que salimos, en Barcelona, pensando que nos sería fácil encontrar una
pizzería italiana. Imaginen nuestra sorpresa cuando descubrimos que
los tres restaurantes de pizzas que examinamos, y que previamente eran
atendidos por italianos, ¡estaban ahora en manos de personal chino!
Había camareros chinos y chinos haciendo las pizzas. Los cocineros
asiáticos son a menudo excelentes y, sin duda, pueden hacer excelentes
pizzas. De todas maneras, esta vez decidimos ir a un restaurante de
cocina española.
Más
adelante, hablamos sobre el extraño fenómeno de la comunidad china
haciéndose cargo del negocio de la pizza. Parece que no es
excepcional. Un amigo nos dijo posteriormente que las pizzerías que
conocía en su ciudad estaban ahora en manos de orientales. Empecé a
tener la sensación de que algo extraño estaba sucediendo. Justo entonces
vi en las noticias de televisión que en EEUU los dirigentes del
Partido Demócrata y del Partido Republicano se negaron a asistir a la
cena de Estado ofrecida por el presidente Obama al presidente Hu de la
República Popular China (RPC) al comienzo de su reciente visita
histórica a Estados Unidos. Pensé inmediatamente «¡tal vez no acudieron
porque el plato principal de la cena era pizza china!». Y no estaba
lejos de equivocarme. Los líderes estadounidenses protestaban en parte
por las políticas económicas de China.Y, ¿quién sabe si una de esas
políticas no es hacerse con la industria de la pizza en Occidente?
Tras
el misterio de la pizza, se esconde un misterio aún más grande:
¿cuáles son las intenciones económicas de la República Popular China?
Hace algún tiempo, dediqué un artículo en este periódico al asombroso
fenómeno del gigante asiático (China, el dragón resucitado, EL
MUNDO, 13 de septiembre de 2006). El potencial económico y de
población de la nación con la mayor fuerza productiva de todo el mundo,
hace que muchas personas la vean como una amenaza económica. Hace
algunos años, la actual senadora republicana de Delaware (Estados
Unidos) declaró que China «ha elaborado con mucho cuidado un plan
estratégico para tomar América». Muchos por entonces discreparon de
ella, pero quizá posteriores evoluciones pueden haberles hecho cambiar
de parecer. En los últimos días, muchas personas que conozco me han
expresado sus recelos acerca de lo que parece ser un intento por dominar
la economía mundial. Y en España, parece haber evidencia de que el
actual Gobierno de Rodríguez Zapatero (n. de r. En el gobierno cuando se escribió éste artículo) está ayudando activamente a Pekín.
Hay
tres etapas principales en el proceso por el que China puede estar
procediendo a la dominación. La primera es el establecimiento de
buenas relaciones internacionales y el fomento del turismo. A este
respecto, el ministro español de Industria, Miguel Sebastián, ha sido
el agente más activo para fomentar los intereses de Pekín en España.
Recientemente visitó China, con el objetivo de presentar un Plan de
Turismo, cuyo objetivo es lograr que 300.000 turistas chinos visiten
España en 2012 y un millón lo haga en 2020. El Plan incluirá acciones
para adaptar la oferta española a las características del turismo
chino, entre ellas la preparación de guías sobre España en mandarín, y
la promesa (¡bastante optimista!) de reclutar guías turísticos
españoles bilingües. También se ha avanzado en las negociaciones para
llegar a acuerdos de cooperación en inversiones y en energías
renovables de cara a la visita a España del viceprimer ministro chino.
La
segunda etapa de la estrategia es la compra de deuda de los países
que se convertirán en nuevos vasallos de la RPC. No es, por poner un
ejemplo, ningún secreto que después de Francia, el segundo poseedor
extranjero de deuda española es el gigante asiático. ¿Pero qué ocurre
en tales casos? El vicepresidente de la Asia Society se explicaba así
recientemente: «Las inversiones chinas no se hacen desde una
perspectiva económica, sino teniendo en cuenta la estrategia y
seguridad nacional. Por ello China tiene interés en acceder a los
recursos naturales y en aumentar apoyo político». En efecto, está
colocando su dinero en los países débiles, como España, para hacerse
con el control. Igualmente, está haciendo préstamos a países
vulnerables en todo el mundo. De hecho, el Financial Times
estima que China ha superado al Banco Mundial en préstamos a los países
en desarrollo. En los últimos dos años, China ha realizado préstamos
de un valor estimado de 110.000 millones de dólares a África, América
del Sur y Oriente Medio.
¿Qué
sucede cuando China hace préstamos o compra deudas? Lo cierto es,
según expertos financieros, que Pekín no espera que los préstamos le
sean reembolsados. Podemos ver cómo funciona la estrategia en el caso
de África. De acuerdo con un estudio publicado por David Mitchell, del
Center for Strategic and International Studies, China canceló 1.200
millones de dólares de deuda de 31 países africanos en el año 2000 y
condonó otros 750 millones de dólares de la deuda en 2003. En lugar de
recuperar el dinero, China prefiere ser capaz de penetrar en el país
deudor a través de concesiones de comercio e inmigración. Gracias a
esta política, el volumen de negocios en el comercio entre África y
China ha aumentado de siete millones de dólares anuales hace una
década a 9.000 millones hoy. Uno de los mejores clientes de China en
África es el dictador Mugabe, que ha extendido considerables
privilegios de minería a la República Popular a cambio de armas y
divisas.
La tercera y última etapa estratégica es la pizza,
es decir, la presencia visible de ciudadanos chinos en actividades
económicas e industriales. La infiltración de su presencia es
particularmente notable en África, donde se han instalado tantos como
750.000 durante la última década. La estrategia ha sido diseñada
cuidadosamente por funcionarios de Pekín, donde un experto ha estimado
que China con el tiempo necesitará enviar a 300 millones de personas a
África. La presencia china es una inundación que va creciendo. Angola
tiene su propio Chinatown, al igual que grandes ciudades africanas como Dar es Salaam y Nairobi.
Y
lo mismo está ocurriendo en España. La población total china de España
se desconoce, pero está aumentando muy rápidamente. Aquí se conceden
enormes facilidades a los ciudadanos chinos para abrir sus negocios,
con todo el apoyo del Gobierno. Hace unos años señalé que el barrio en
el que vivo en Barcelona era una de las zonas que el entonces alcalde
de Barcelona, Joan Clos, concedió como un nuevo Chinatown, localizado entre el área del Arco de Triunfo y la Plaza de Tetuán.
Uno
tras otro, los espacios comerciales han ido siendo ocupados por los
nuevos chinos venidos, que se benefician de la exención de impuestos,
regentando toda una variedad de comercios, desde restaurantes,
supermercados y demás que se anuncian con rótulos no en catalán o
español sino en chino. Madrid cuenta ya con el Chinatown más grande de toda España, en Cuatro Vientos. Se pretende que Alicante, Valencia y Barcelona sigan el mismo ejemplo.
La
prueba final de la dominación china va mucho más allá de la pizza y
tiene un gran parecido a la llegada de la enorme nave espacial en el
exitoso filme Independence Day. El mayor éxito de Miguel
Sebastián a favor de la RPC está en el establecimiento en España del
banco más grande del mundo: el Industrial and Commercial Bank of China,
que abrió su primera oficina en España a finales del mes pasado. La
oficina, de 1.100 metros cuadrados, se instaló en el Paseo de
Recoletos, en Madrid. La llegada del banco es una réplica de la llegada
de la nave espacial.
Puede
ser que Sebastián viva bajo el malentendido de que favoreciendo a la
RPC reforzará España y la salvará de los fracasos del Gobierno actual.
Si cree eso, tal vez debería ir a ver Independence Day, o quizá incluso estudiar un poco acerca de la cultura china, en particular la historia sobre el dragón devorador de todo.
Por Henry Kamen
Historiador británico y autor del libro es Poder y gloria. Los héroes de la España imperial.
El autor analiza en éste artículo las repercusiones que tiene el hecho de que Pekín sea ya el principal prestamista mundial. Cree que hay razones para alarmarse ante la estrategia diseñada por la República Popular para dominar el planeta

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