martes, 19 de marzo de 2013

A Vosotros

No habrá alguno que merezca el nombre de español, el cual no se venga luego a nuestro campo. Sólo entretengamos a los enemigos un poco y con corazones atrevidos avivemos la esperanza de recobrar la libertad y la engendremos en los ánimos de nuestros hermanos. Acudamos pues con esfuerzo y corazón, que esta es buena ocasión para pelear por la antigua gloria de la guerra, por los altares y la fe, por los hijos, mujeres, parientes y aliados, que están puestos en una indigna y gravísima servidumbre. Pesada cosa es relatar sus ultrajes, nuestras miserias y peligros, y cosa muy vana encarecerlas con palabras, derramar lágrimas, despedir suspiros. Lo que hace al caso es aplicar algún remedio a la enfermedad, dar muestras de vuestra nobleza, y acordaros que sois nacidos de la nobilísima sangre de los godos. La prosperidad y los regalos nos enflaquecieron y hicieron caer en tantos males; las adversidades y trabajos nos aviven y despierten. Diréis que es cosa pesada acometer los peligros de la guerra: ¿pero cuánto más pesado es que los hijos y mujeres hechos esclavos sirvan a la deshonestidad de los enemigos? (Oh grande y entrañable dolor, fortuna trabajosa y áspera) ¿que vosotros mismos seáis despojados de vuestras vidas y haciendas? todo lo cual es forzoso que padezcan los vencidos.
El pequeño número de nuestros soldados, os hace dudar, pero debéis acordaros de los tiempos pasados y de los trances variables de la guerra, por donde podéis entender, que no vencen los muchos, si no los esforzados. A Dios, al cual tenemos irritado antes de ahora,  al presente creemos está aplacado, fácil cosa es, y aún muy usada, deshacer gruesos ejercitos con las armas de pocos... por lo que a mi toca, estoy determinado con vuestra ayuda de acometer esta empresa y peligro, bien que muy grande, por el bien común, de muy buena gana, y en tanto que yo viviere, mostrarme enemigo no mas  a estos bárbaros, que a cualquiera de los nuestros que rehusase tomar las armas y ayudarnos en esta guerra sagrada, y  no se determinase a vencer o morir  como fiel y buen hermano, antes que sufrir  vida tan miserable, tan afrenta y desventura, la grandeza  de los castigos hará entender a los cobardes que no son los enemigos lo que más deben temer.
Luchar hasta el final.

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