No habrá alguno que merezca el nombre
de español, el cual no se venga luego a nuestro campo. Sólo
entretengamos a los enemigos un poco y con corazones atrevidos avivemos
la esperanza de recobrar la libertad y la engendremos en los ánimos de
nuestros hermanos. Acudamos pues con esfuerzo y corazón, que esta es
buena ocasión para pelear por la antigua gloria de la guerra, por los
altares y la fe, por los hijos, mujeres, parientes y aliados, que están
puestos en una indigna y gravísima servidumbre. Pesada cosa es relatar
sus ultrajes, nuestras miserias y peligros, y cosa muy vana encarecerlas
con palabras, derramar lágrimas, despedir suspiros. Lo que hace al caso
es aplicar algún remedio a la enfermedad, dar muestras de vuestra
nobleza, y acordaros que sois nacidos de la nobilísima sangre de los
godos. La prosperidad y los regalos nos enflaquecieron y hicieron caer
en tantos males; las adversidades y trabajos nos aviven y despierten.
Diréis que es cosa pesada acometer los peligros de la guerra: ¿pero
cuánto más pesado es que los hijos y mujeres hechos esclavos sirvan a la
deshonestidad de los enemigos? (Oh grande y entrañable dolor, fortuna
trabajosa y áspera) ¿que vosotros mismos seáis despojados de vuestras
vidas y haciendas? todo lo cual es forzoso que padezcan los vencidos.
El
pequeño número de nuestros soldados, os hace dudar, pero debéis
acordaros de los tiempos pasados y de los trances variables de la
guerra, por donde podéis entender, que no vencen los muchos, si no los
esforzados. A Dios, al cual tenemos irritado antes de ahora, al
presente creemos está aplacado, fácil cosa es, y aún muy usada, deshacer
gruesos ejercitos con las armas de pocos... por lo que a mi toca,
estoy determinado con vuestra ayuda de acometer esta empresa y peligro,
bien que muy grande, por el bien común, de muy buena gana, y en tanto
que yo viviere, mostrarme enemigo no mas a estos bárbaros, que a
cualquiera de los nuestros que rehusase tomar las armas y ayudarnos en
esta guerra sagrada, y no se determinase a vencer o morir como fiel y
buen hermano, antes que sufrir vida tan miserable, tan afrenta y
desventura, la grandeza de los castigos hará entender a los cobardes
que no son los enemigos lo que más deben temer.
Luchar hasta el final.
Luchar hasta el final.

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